¿Arte, estafa o mofa?

«¿Qué es el arte? Helarte es morirte de frío», suele decir un gran amigo mío haciendo el chiste con este calambur cada vez que sale el tema.

Anécdota aparte, la definición del arte es subjetiva. Y lo mismo pasa con su interpretación y su efecto sobre las personas. Una misma obra puede ser sublime para algunos y una auténtica bazofia para otros. De ahí que algunos hayan llegado a definir el arte como todo aquello que los hombres llaman arte (Dino Formaggio).

A pesar de esta disensión, es un hecho que éste siempre ha sido una forma de expresión de las ideas, los sentimientos y la visión del mundo del ser humano, cuyo resultado son obras más o menos estéticas. Tradicionalmente se reconocen nueve disciplinas artísticas, también llamadas bellas artes, que engloban a la pintura, escultura, literatura, música, arquitectura, danza, cine, fotografía y, la última en incorporarse a la lista, el cómic.

De todas ellas, mis favoritas son la literatura y la música, siendo quizás la primera la que más me llena y la segunda la que más me emociona. La pintura también me encanta, pero sin duda, las que más me impresionan son la escultura y la arquitectura. Y de escultura va hoy el tema. Permítanme los lectores hacer un breve repaso de la historia de ésta, de manera que nos ayude, echando la vista atrás, a loar con más denuedo a nuestro protagonista de hoy.

Nuestra especie ha tenido la necesidad de esculpir desde el inicio de los tiempos. Hace la friolera de 30 mil años aproximadamente, en el Paleolítico, se tallaron sobre piedra las misteriosas Venus de Willendorf  y de Lespugue, como exaltaciones de la fertilidad femenina.

Más adelante, en el antiguo Egipto, tenemos un famosísimo ejemplo de la belleza de este arte en el icónico busto de Nefertiti, la esposa del faraón Akenatón, realizado en el 1345 a. C. Es una de las obras más copiadas de esa época y, Nefertiti, una de las mujeres más famosas del mundo antiguo, símbolo de hermosura femenina. Se encuentra en el Neues Museum de Berlín.

Seguimos avanzando en el tiempo y llegamos a casa. El arte íbero cuenta con excelentes ejemplos escultóricos, como la Dama de Elche, realizada en piedra caliza entre los siglos V y IV a. C. o el León protector de la ciudad íbero-romana de Cástulo, el cual data de los siglos II o I a. C. y se encuentra ubicado en el Museo Arqueológico de la ciudad de Linares.

Por otro lado, la escultura greco-romana es una de las que más destacan aún hoy en día. En este período los artistas se basaron en conocimientos matemáticos para crear obras perfectas y establecer un canon de belleza. Sobresalen algunos ejemplos como la impresionante Victoria (o Niké) de Samotracia, elaborada hacia el 190 a. C., que representa a la diosa mensajera de la victoria, Niké, asociada con la velocidad y a la que se le solía dotar de alas. La figura está tallada en mármol blanco y tiene una altura de 2,75 metros, elevándose sobre una base de mármol gris que representa a la proa de un barco, sumando a la pieza una altura total de 5,57 metros. Tuve la suerte de poder disfrutar de ella en el Museo del Louvre en París. Como curiosidad, la firma deportiva NIKE basó su nombre y su logo en esta escultura.

En el siguiente periodo, la Edad Media, la escultura se pone al servicio de la arquitectura. En las puertas y otros elementos de las iglesias y las catedrales se representan personajes y animales fabulosos como las gárgolas, iconos del Gótico, siendo los ejemplares más famosos de estas criaturas los que nos observan desde lo alto de la Catedral de Notre Dame.

Pasamos a mi época favorita, el Renacimiento, donde destaca por encima de todos el genio de los genios: Michelangelo Buonarroti. En este periodo, que va desde el año 1400 al 1600 aproximadamente, se revivió la época greco-romana, y se tomaron como modelos sus obras y mitología, pero dotándolas de una nueva dimensión: el pensamiento humanista. Al igual que en los clásicos, se reflejó la belleza del cuerpo humano, pero perfeccionada por los nuevos conocimientos en anatomía.

Como decía, en estos años reinó indiscutiblemente Miguel Ángel, mi escultor preferido, quien es considerado uno de los más grandes artistas de la historia tanto por sus esculturas como por sus pinturas y obra arquitectónica. Es el paradigma, junto con Leonardo da Vinci, del hombre del Renacimiento. De éste quisiera destacar dos obras que he tenido el auténtico placer de contemplar. La primera de ellas es La Piedad (o Piedad del Vaticano), ubicada en dicho lugar y realizada por el escultor a los 24 años. La perfección de la figura es tal, que los primeros admiradores de ésta no dieron crédito a que el artista, a esa edad, hubiera sido capaz de obtenerla de una sola talla a partir del impresionante bloque de mármol de Carrara que él mismo escogió. Éste les respondió: «La escultura ya estaba dentro de la piedra. Yo solo he eliminado el mármol que sobraba». Una curiosidad de esta obra es que Buonarroti representó a la Virgen María más joven que Jesús y sin signos de sufrimiento. Otra es que se trata de la única obra que firmó para acabar con las dudas sobre su autoría, lo que se puede comprobar en el grabado de la cinta que lleva la virgen: “Miguel Ángel Buonarroti, florentino, me hizo”. Posteriormente, el escultor se arrepintió de hacerlo y no volvió a firmar ninguna otra. Llaman especialmente la atención las diferentes texturas creadas en cada zona, como en los pliegues de las telas, que parecen asombrosamente reales.

Recomiendo visitar una réplica espectacular de La Piedad que se encuentra en la Catedral de Guadix.

La otra pieza que paso a recomendar es el summum, la escultura por antonomasia; la que está considerada la obra maestra del Renacimiento. El David se halla expuesto en la Galleria dell’Accademia, en Florencia, y representa al rey bíblico David en el momento previo a enfrentarse con Goliat. Se trata de una imponente escultura de mármol blanco de Carrara de 5,17 metros de altura y 5.572 kilogramos de peso, realizada por Miguel Ángel Buonarroti entre 1501 y 1504.

Cuando vislumbré la imagen al fondo del pasillo, mientras lo atravesaba escoltado por los espectaculares Esclavos o Prisioneros (cuatro figuras masculinas inacabadas y esbozadas en bloques de mármol por el mismo autor), iluminada por una cúpula que le confería una especie de aura, empecé a sentir casi las mismas palpitaciones que padeció Stendhal en la Iglesia de la Santa Croce de Florencia abrumado por tanta belleza y que dieron lugar al famoso síndrome que lleva su nombre. Al llegar por fin al lado del pedestal, la emoción me embargó tanto que llegó al paroxismo (permítanme, querido lector, querida lectora, un poco de histrionismo en pos de cargar la escena de dramatismo 😆; pero no anduve lejos de ello). Cierto es que pocas veces he sentido una emoción parecida al contemplar una obra de arte. Había gente de todas las edades alrededor del monumento, completamente absorta. Unos sentados en el suelo, otros de pie, fijando sus miradas embelesadas en todos y cada uno de los detalles de la maravilla que tenían ante sí. Algunos incluso tomaban notas, y no sé cuántas horas llevaban allí. Después de aquella experiencia, comprendo perfectamente la afirmación de Vasari: “cualquiera que haya visto al David no tiene necesidad de ver otra cosa de ningún otro escultor vivo o muerto”. Tanto me impactó, que me traje de Italia una réplica muy conseguida (huelga decir a escala 😅) y la tengo en una estantería del salón de mi casa.

Impresiona saber que Miguel Ángel creara semejante pieza sólo con un cincel y que la dotara de tal sutileza y majestuosidad a la vez. Se muestra al protagonista desnudo, simbolizando de esta manera la armonía del hombre con la naturaleza y su creación representa el ideal de belleza masculino desde entonces. Tampoco fabricó modelos previos, como era la costumbre. «Vi el Ángel en el mármol y tallé hasta que lo puse en libertad» afirmó el genio. La estatua fue concebida para ser contemplada desde distintas perspectivas, pudiendo apreciarse nítidamente su musculatura y detalles como el cabello, las venas, las uñas, y algún atributo más…

Avanzando hacia el Barroco, que se caracterizó fundamentalmente por utilizar la escultura para decorar la arquitectura, crear obras más expresivas, con más movimiento y recurrir a la religión, nos encontramos al gran Gian Lorenzo Bernini, digno sucesor de Miguel Ángel. Aunque voy a hablar de otro escultor Nicola Salvi, a quien le debemos La Fontana di Trevi, y quien pasó los 30 últimos años de su vida trabajando en ella, muriendo antes de verla terminada. Fue concluida en 1762 por Giovanni Pannini. Es una de las mayores fuentes monumentales de Roma, con casi 40 m de frente, y de las más bonitas y espectaculares del mundo. También he tenido la oportunidad de verla. Llama la atención la voluptuosidad de la fuente en contraste con la pequeñez de la plaza, a la que se accede desde varias callejuelas, impresionando al turista cuando se encuentra con ella a veces casi sin esperarlo.

Nos adelantamos al Modernismo, que se caracteriza por la libertad de expresión y la aparición de las vanguardias. Las esculturas dejan de ser tan realistas e intentan despertar las emociones en el espectador. Comienzan a utilizarse nuevos materiales como el acero, hormigón o plásticos. Exponentes de este periodo son Rodin, con su famoso Pensador (1881-1882), esculpido en bronce y con 70 cm de alto. Ubicado en el Museo Rodin de París, representa al escritor italiano Dante Alighieri. Otro ejemplo representativo es L´Homme que marche (El hombre que camina), del escultor suizo Alberto Giacometti. Realizada en bronce en 1961, con una altura de 1,83 m, muestra a un hombre solitario caminando con sus brazos colgando a los lados. Está considerada como la obra de arte más cara jamás subastada, con un precio de venta de 74,2 millones de euros en 2010.

Y por último, llegamos al año 2021, y a una noticia que leí recientemente. Aquí nos encontramos con Salvatore Garau y una de sus impresionantes obras. Deleitémonos con su belleza:

No, no se trata de ningún error al subir la imagen. He aquí la historia. Garau es un artista italiano que ha conseguido lo que ninguno de los artistas que hemos repasado consiguió hacer: vender aire, o humo, nunca mejor dicho. La escultura vendida se titula Io Sono, y es inmaterial, es decir, no existe; pero Garau ha obtenido 15.000 euros subastándola, aduciendo que su obra no se trata de la nada, sino de vacío. «El vacío no es más que un espacio lleno de energía, y aunque lo vaciemos y no quede nada, según el principio de incertidumbre de Heisenberg, ese nada tiene un peso. Por tanto, tiene energía que se condensa y se transforma en partículas, es decir, en nosotros”.

Mi cabeza sí que se queda vacía al leer estos comentarios con esos conceptos hiperabstractos, por llamarlos de alguna forma, que escapan a mis entendederas.

«Cuando decido exponer una escultura inmaterial en un espacio dado, ese espacio concentrará cierta cantidad y densidad de pensamientos en un punto preciso, creando una escultura que desde mi título solo tomará las formas más variadas», comenta el artista, quien es un verdadero artista, pero en sentido figurado, y que me malicio que debe de seguir el método de Miguel Ángel, quitando a la piedra todo lo que le sobra, pero sobrándole en este caso tanto que la pulverizó entera.

Eso sí, estese tranquilo el citado comprador ya que Io Sono va acompañada de un certificado de garantía y originalidad de la obra. Con lo que quizás no esté tan tranquilo es con la elección de la ubicación, ya que el creador prescribe que el espacio que acoja la obra ha de cumplir ciertas condiciones: debe instalarse en una casa particular (para resguardarla de las inclemencias del tiempo, imagino), dentro de una habitación libre de cualquier construcción y donde se reservará el centro para colocar la escultura dentro de un espacio de 150 x 150 centímetros, marcado con cinta en el suelo. Así que seguramente esté ufanado en buscar un lugar privilegiado en el que exhibir su flamante adquisición.

En fin, yo cuando leo estas noticias tengo que darle la razón a mi amigo, porque me quedo verdaderamente helado (o muerto de frío). 🥶

Foto de cabecera: Rmn-Gran Palais / Museo del Louvre

Si te ha gustado esta publicación, ¡te animo a votarla y a dejar un comentario más abajo!

Licencia de Creative Commons
¿Arte, estafa o mofa? by J. Rooks is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://wiewiewie.com/2022/06/08/arte-estafa-mofa/.

4 comentarios sobre “¿Arte, estafa o mofa?

Responder a J. Rooks Cancelar la respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s