El arte de priorizar (o cómo lidiar con tus objetivos vitales sin fracasar en el intento)

Hay un proverbio irlandés que dice: «Dios creó el tiempo pero el hombre creó la prisa». Quizás alguno de vosotros también se vea abrumado por la cantidad de cosas que le gustaría realizar, por sus quehaceres diarios y por el limitado tiempo del que dispone para todo ello, a pesar del ritmo frenético al que nos sometemos. Aún así, pienso que en el fondo esto es algo bueno: me refiero a tener inquietudes, objetivos y metas que cumplir. Sin embargo, llega un momento en nuestras vidas en el que caemos en la cuenta de que el tiempo, ese concepto que trae de cabeza a los físicos y que incluso es cuestionado por muchos de ellos, es bastante más limitado de lo que pensábamos; y es entonces cuando aparecen nuestras frustraciones.

Más aún, aunque tuviéramos mayor disposición de éste, el mayor de los tesoros, seríamos víctimas de lo que en Planificación de Proyectos se conoce como el Síndrome del Estudiante: las personas sólo rendimos al cien por cien cuando la fecha del «examen» se acerca, porque siempre ocurrirá por el camino algún suceso más urgente, importante, o simplemente que nos distraiga del que tenemos entre manos. Aquí también podríamos aplicar la ingeniosa Ley de Hofstadter, cuyo enunciado dice: «Toda planificación lleva más tiempo que el esperado, incluso si tienes en cuenta la Ley de Hofstadter«. En definitiva, acabamos procrastinando de una u otra manera.

A su vez, todo esto se ve acentuado, o quizas esté provocado por el hecho de que, a menudo, nos cuesta distinguir lo importante de lo baladí; lo urgente de lo aplazable; lo factible de lo utópico; en definitiva, separar el grano de la paja. Como conclusión, desearíamos poder poder pedirle al reloj que no marcase las horas, como dice el bolero, para no enloquecer, pero en este caso, por intentar alcanzar todas nuestras aspiraciones.

Paradójicamente, aquí está el trampantojo al que nos somete nuestro cerebro: en lugar de pretender abarcar todos nuestros objetivos, debemos ser menos ambiciosos en su número y más a la hora de lograr alcanzarlos. En este punto se impone el proverbio español: «el que mucho abarca, poco aprieta». El problema es que ser selectivo y renunciar a muchos de ellos puede llegar a ser asaz doloroso; pero el no hacerlo suele convertirse en una fuente de ansiedad o bloqueo.

Y en ésas me hallo: tratando de poner remedio a dicho bloqueo y aprendiendo a priorizar mejor, lo que recientemente me llevó a investigar sobre el tema y a acabar leyendo sobre una regla que utiliza el exitoso hombre de negocios Warren Buffett para conseguir sus metas. Ésta («la regla 5/25») establece los siguientes tres pasos:

  1. Hacer una selección de 25 deseos, sueños u objetivos (también aplicables al plano profesional).
  2. Analizarlos y seleccionar los 5 más importantes para nosotros, los que más felices nos van a hacer. A continuación, anotarlos en una lista «A».
  3. Crear una lista «B» con los 20 restantes y tacharlos; renunciar a ellos a toda costa, por mucho que nos cueste. Os aseguro que ésta es la parte más difícil. Pero la realidad es que este grupo sólo sirve para robarnos tiempo, energía y distraernos, y eliminarlo nos permitirá centrarnos en lo más valioso para nosotros.

Yo ya tengo creada mi lista, ahora sólo me falta lo más complejo: lidiar con el grupo «B» y ponerla a prueba.

Por cierto, continuar escribiendo notas en mi cuaderno Gran Jefe se encuentra en el grupo «A», de momento… 😉

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El arte de priorizar (o cómo lidiar con tus objetivos vitales sin fracasar en el intento) by J. Rooks is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://wiewiewie.com/2022/07/21/el-arte-de-priorizar/.

8 comentarios sobre “El arte de priorizar (o cómo lidiar con tus objetivos vitales sin fracasar en el intento)

  1. Mantener la lista A intacta, sin modificarla, hasta haber conseguido cumplirla es también una tarea difícil, bien porque generalmente tendemos a sabotearnos, bien porque la vida a menudo nos pone por medio muchos obstáculos. No dejes de escribir en cualquier caso. 😉

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